Ninguna palabra me dice nunca jamás
ninguna palabra acepto como única ni como última alternativa
ningún discurso hecho pone sitio al porvenir
nada es eterno, nada retorna, ni siquiera lo dicho una y otra vez
Tengo un muñeco testimonio de fe dichosa para una muñeca
que recita citas y así se citan, se acatan, se lucen
amamantan lo maquinal, lo instintivo, lo usual
repetitivo miserere, letanías de muerte
movimientos calculados, técnica depurada, reflejos
condicionados, aprehendidos, probados
La misma acción, el mismo resultado certificado,
la misma simulación, el mismo lugar, placer en serie
las mismas palabras, los mismos resoplidos
el mismo cansancio, el mismo aburrimiento
Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis
seis y dos son ocho y ocho dieciséis…
El titiritero dice a su títere, cúcara macara títere fue
ábrete sésamo, ábrete de piernas y muévete sin cesar,
así lo manda él, así lo manda el emperador
los órganos reproductivos a disposición
para reproducir el mismo sudor, la misma máscara
el mismo patrón que el titiritero patrocina
desde siempre hasta nunca jamás, ¿quien es quien?
una vez, una voz, otra vez, la misma voz una vez más
el mismo olor, fase uno, fase dos… fase tres…
así la vida se va pasando, se va desvaneciendo
monótonamente se van amontonando orgasmos
remedos del amor, antí metáforas de la vida
bajo el antifaz no somos nadie, sino cifras perdidas
de innumerables baños de esperma, pequeños zoosomas
nadan, nadando oviductos arriba, con el beneplácito del benefactor
con su repetitiva acción bienhechora, carne de su carne
sangre de su sangre fluyendo a borbotones dentro del cubo del placer
que le es ajeno, pliegue por pliegue, que quiere solo mientras tanto está
incubando íncubos y súcubos con su nombre diminuto de equis y yées
cero pro creación, cero gusto, un cero redondo en la arena genital
horóscopo, ruleta rusa, rueda de la fortuna, casualidad, azar en la recta final
cifra, rostro sin faz, baraja, leche de Venus, de hombre “bien nacido”
sin mas deseo que dar, sustancia del silencio, oleada tras oleada
jugos derramados en nombre del deseo de yacer a gusto, a placer
sin esfuerzo particular, sino como lo previsto, lo cotidiano
para que la miseria del mundo brille tan gozosamente como la vida