
Mi destino se acerca inevitablemente
tan irrevocable es el presente
en sus instantáneas fulguraciones
como el duro e inamovible ayer
Todo está impreso en letras oscuras
en un fondo de noche
un sentir que rebosa
palabras de un lenguaje silencioso
esperando la mirada acuciosa
Crípticos
códices prodigiosos
la perpetua escritura en codones ocultos
de infinitos eslabones
todo ser, toda cosa vibra y emite señales
toda acción es una palabra misteriosa
un verbo indescifrable e invisible
que conforma el libro de la vida
un pergamino tan largo como el tiempo
escrito en el idioma universal
de las cuatro formas fundamentales de la energía
Sólo el provenir me permite encontrar
el camino de regreso a casa
mi hogar que yace en el fondo de la noche
detrás de los enigmas de los renglones y los participios idos
los cielos ardiendo en vocablos maravillosos
de rojos nubarrones sobre gerundios
el eterno mar doblando sus rodillas
justo al llegar el amante al recodo del cosmos
para tornar a ser la incesante luz
que ya ha vuelto a ser partícipe
la misericordia ha desenvuelto el ovillo
y el rigor ha tejido la trama con puntos y comas
y cuatro caracteres sagrados
cuatro voces dirigidas a los cuatro vientos
un punto solitarios junto a dos puntos
nadie y yo al frente
él por encima, nadando en la nada
Uno a uno bajamos al tálamo
cruzamos el puente, descorrimos el velo
apareció el brillo de la primera luz
Bet y su Aleph
mi cárcel se iluminó de alpha y omega
al romperse el septo de las aguas
Lloré ante el frío del hierro
con una mezcla de asombro y miedo
la vía que he tomado es una sentencia férrea
un conjuro que me conduce a una inmolación irrevocable
verbalizando mis intuiciones de caos y orden
sin embargo ya he elegido mi estación de transbordo
sin ningún dolor en el corazón
sin nada que me arredre, cruzaré el andén
con palabra presdigitadora, con la simple chispa
de las luciérnagas
y la certidumbre puesta en las cuatro letras del amor
que sólo pronunciaré al oído de él
como palabra de pase hacia la cumbre