
Desde la orilla del mar
hasta el balcón hay 10 escalones
de hipertexto
desde ahí se puede ver el centro
aunque el lecho no aparece
eje del enlace
el árbol plantado donde ella reposa
de ahí parten sus palabras fugaces
y los veintidós senderos
que no menguan su ritual
ni llevan a ninguna otra parte
que no sea lo absoluto, la nada
una deja de pensar en sobrevivir
cuando observa el espacio de su pequeñez
y atisba algunas chispas invisibles
que nos descubren punzantes embustes
cascarón vacío entre cosas lujosas
si buscan a Natasha la encontrarán
en un silencio de tregua
de victoria y de belleza
esperando por caricias frescas de cristal
mas si buscan su lecho ahí solo encontrarán
himnos de amor o de guerra
horno que sopla ardiente lumbre
y arrastra a la muerte o a la vida
y así uno deja de vivir para la suerte
en concreto o en abstracto
y estos actos de introspección diarios
constantes, aplicados a uno mismo
no por ser mujeres u hombres prácticos
no por transar con pedazos de sí
hay más evidencia de vida.
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