
el agrimensor partió
quién sabe a qué personales paraísos
y yo me quedé mirando sus infiernos
lo radical, la infinita llama oscura
pero el volvió
y cuando me vio
por supuesto palpó con horror
la furia hedonista en el surco
la evidencia de los teodolitos
el sentimiento agazapado
las montañas de escombros
la marca del arado
el punzón de la jabalina
la garra del espino
las marcas de la ternura y el exordio
sed de vida para los frívolos
para la tierra que padece de supremas ansias
el bálsamo, el néctar, la magna palabra
que abre las entrañas
y prepara la floresta
pero las cicatrices son el vínculo
(entre él y yo)
que integra los diversos instantes
agro de mi piel, más allá del tiempo
llenará tu copa al sonar la hora cumbre
el Bereshit que todo lo inicia

